Facilitadores interculturales: el puente entre la medicina mapuche y la salud pública en Biobío

En distintos centros de salud de la región del Biobío, una figura clave ha ido tomando protagonismo en los últimos años: los facilitadores interculturales. Su labor, muchas veces silenciosa pero fundamental, permite acercar dos formas de entender la salud que históricamente han estado separadas: la medicina occidental y el conocimiento ancestral del pueblo mapuche.

Estos profesionales, pertenecientes en su mayoría a pueblos originarios, cumplen un rol que va mucho más allá de la simple traducción de idiomas. Actúan como mediadores culturales, generando un vínculo de confianza entre las comunidades indígenas y el sistema de salud público, facilitando la comprensión mutua y promoviendo una atención más respetuosa de las tradiciones y creencias.

Un rol que trasciende el lenguaje

En centros de atención como el CESFAM Yaniquén, en la comuna de Negrete, es común escuchar tanto español como mapudungún en los pasillos. Allí, facilitadores interculturales acompañan a los pacientes durante su proceso de atención, explicando procedimientos médicos y, al mismo tiempo, transmitiendo a los equipos de salud los significados culturales detrás de ciertas prácticas tradicionales.

Su trabajo consiste en interpretar no solo palabras, sino también contextos. Por ejemplo, pueden explicar a los profesionales de la salud qué implica un tratamiento realizado por una machi o una lawentuchefe, así como orientar a los pacientes sobre exámenes médicos modernos o diagnósticos clínicos. Esta doble traducción —cultural y lingüística— permite reducir las barreras que muchas veces dificultan el acceso a la salud.

Acercando dos sistemas de salud

Uno de los principales aportes de los facilitadores es contribuir a la convivencia entre dos modelos distintos: el biomédico y el tradicional mapuche. En muchos casos, los usuarios requieren ambos tipos de atención, por lo que la labor de estos mediadores se vuelve esencial para articular un enfoque complementario.

Gracias a su intervención, se logra que los pacientes puedan tomar decisiones informadas sobre su tratamiento, considerando tanto las recomendaciones médicas occidentales como sus propias prácticas culturales. Esto no solo mejora la adherencia a los tratamientos, sino que también fortalece la confianza en el sistema de salud.

Espacios de diálogo y construcción de políticas

La importancia de esta labor ha sido reconocida a nivel institucional. En la ciudad de Los Ángeles se desarrolló un encuentro zonal de facilitadores interculturales, instancia que reunió a representantes de distintas zonas del país con el objetivo de avanzar en la construcción de una política pública de salud intercultural.

Este tipo de encuentros busca fortalecer el rol de los facilitadores, compartir experiencias y establecer lineamientos que permitan consolidar su trabajo dentro del sistema sanitario. La meta es avanzar hacia una atención más inclusiva, que considere la diversidad cultural como un elemento central y no como una excepción.

Un rol clave en la reducción de brechas

La presencia de facilitadores interculturales responde a una necesidad concreta: disminuir las desigualdades en el acceso a la salud que afectan a las comunidades indígenas. Muchas veces, las diferencias culturales generan desconfianza o incomprensión, lo que puede traducirse en diagnósticos tardíos o tratamientos incompletos.

En este contexto, su labor contribuye a garantizar el derecho a una atención con pertinencia cultural, es decir, una atención que respete la identidad, creencias y prácticas de cada persona. Además, su acompañamiento emocional resulta fundamental en momentos de vulnerabilidad, como enfermedades graves o procesos hospitalarios complejos.

Avances y desafíos

El fortalecimiento de esta figura ha ido acompañado de un mayor respaldo institucional. En los últimos años, se han destinado más recursos para ampliar su presencia en el sistema público, incluyendo la creación de nuevos cargos a nivel nacional.

Sin embargo, aún existen desafíos importantes. Entre ellos, la necesidad de consolidar su rol dentro de los equipos de salud, mejorar las condiciones laborales y avanzar hacia una integración más efectiva entre ambos sistemas médicos.

Hacia una salud más inclusiva

El trabajo de los facilitadores interculturales representa un paso significativo hacia una salud más equitativa en Chile. Su aporte no solo permite mejorar la calidad de la atención, sino también reconocer el valor del conocimiento ancestral y promover un diálogo respetuoso entre distintas formas de entender el bienestar.

En un país diverso, avanzar hacia un modelo de salud intercultural no es solo una opción, sino una necesidad. Y en ese camino, los facilitadores interculturales se posicionan como actores clave para construir puentes donde antes existían brechas.

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